Mis ojos.
No descansan y están siempre atentos, como las luces blancas de un hospital, mis ojos cautelosos entre la niebla, dueños de mi y sólo de mi; mis ojos cansados, familiares de la angustia del mundo, de los miedos, de las dudas. Mis ojos rojizos con ansias de un azul profundo que refresque el peso del día a día y brinde tranquilidad a estos días tan agitados.
A lo lejos suena una canción que eriza, cala entre los huesos y los sueños de cada personaje de la vida común y luego PUMM! la canción se disipa, no aturde, no impacta y mis ojos siguen moribundos, cansados y muy pero muy rojizos.